¿ES NECESARIO EL CONSUMO DE LÁCTEOS EN LA OSTEOPOROSIS?

Casi todas nosotras asociamos el consumo de leche al aporte de calcio a nuestro organismo, lo que nos lleva a pensar que en la menopausia hay que tomar lácteos para paliar la pérdida de masa ósea.

Sin embargo, esto no parece que sea del todo cierto.

En Estados Unidos donde el consumo de lácteos es muy superior al del resto de países, el índice de osteoporosis también es mucho mayor.

De hecho hay muchas investigaciones al respecto que desmienten el hecho de que al tomar leche de vaca obtenemos el calcio que necesitan nuestros huesos.

La Universidad de Harvard, en un estudio clínico a largo plazo efectuado sobre 78.000 mujeres desmiente precisamente que el consumo de leche proteja contra la osteoporosis.

Un médico nutricionista, también estadounidense, del St. Helena Hospital (California), investigó también en este sentido. El estudio a las mujeres del pueblo bantú. En esta etnia a pesar de no tomar leche de vaca, tener muchos hijos y mantener una lactancia prolongada, sus mujeres no padecen osteoporosis. Ellas toman calcio de origen vegetal y su estilo de vida es menos sedentario que el de la mayoría de las mujeres del llamado primer mundo.

Recordemos la importancia del movimiento y del ejercicio para mantener una buena salud ósea.

Pero, sigamos con las evidencias. William Elks, ex presidente de la Asociación americana de osteopatía aplicada, dice 3 y 5 vasos de leche al día presentaban niveles de calcio más bajos que mujeres que no tomaban productos lácteos.

Entonces, ¿por qué nos siguen diciendo que es necesario tomar leche para nuestra salud ósea?

Veamos los componentes de la leche de vaca y cómo afectan a nuestro organismo

  • Es cierto que la leche de vaca contiene mucho calcio, sin embargo solo una pequeñísima parte es asimilable por nuestros huesos entre otras cosas por las hormonas de origen vacuno que contiene. Cuando hay un exceso de calcio, el hueso se densifica y pierde agua y colágeno, lo que hace que pierda también su flexibilidad y se vuelva mucho más frágil. Además si los huesos no pueden emplear ese calcio, éste va a pasar al riñón creando problemas de arenilla y cálculos renales, con sus siguientes consecuencias.
  • Por otra parte, tenemos que tener en cuenta que la cantidad de caseína (proteína de la leche) en la leche de vaca es muy superior a la del humano. Nuestro sistema digestivo no está diseñado para el consumo de leche vacuna, sino para hacerlo con la de nuestra especie. Y cuando no podemos asimilar toda la cantidad de la proteína, esta se acumula en forma de masas de mucoproteínas, se acidifica el organismo y esto a su vez afecta a los huesos que se hacen más propensos a desarrollar osteoporosis. Adicionalmente, cuando ingerimos la caseína contenida en la leche de vaca, ésta afecta al metabolismo de las vitaminas del grupo B, indispensables para metabolizar el calcio y mantener nuestro sistema nervioso en óptimas condiciones.
  • La leche de vaca es pobre en hierro, y nosotras necesitamos mantener un buen equilibrio entre ese mineral y el calcio, pues si se desequilibra, afecta a la pérdida del segundo, lo que desde luego afecta al sistema esquelético.
  • Por último la lactasa, enzima que nos ayuda a digerir la leche, está presente en grandes cantidades cuando somos pequeños y a partir de los 7 años es prácticamente inapreciable. Sin esa enzima nos volvemos lacto intolerantes, y si eso es así con la leche de nuestra propia especie, ¿cómo no va a serlo con la de un animal con un sistema digestivo totalmente distinto al nuestro?

Teniendo en cuenta todos estos desórdenes metabólicos que produce la leche de vaca y que nuestro sistema digestivo no asimila su alto contenido en calcio, podemos concluir que la leche no es el vehículo adecuado para asegurarnos nuestra dosis diaria de este mineral.

Las mujeres en menopausia tenemos que ayudar a nuestros huesos de otras formas. Por ejemplo, haciendo ejercicio pues la vida sedentaria favorece la pérdida de masa ósea.

Así mismo, podemos tomar el calcio de manera más efectiva a través de los alimentos que nos da la naturaleza, hortalizas, legumbres, frutos secos.., que aunque contienen menor cantidad, sí es asimilable y está biodisponible casi de inmediato. El brócoli, las coles, las espinacas, almendras y avellanas son fuentes ricas en calcio.

Las semillas como el sésamo, calabaza o la chia también nos ayudarán en este sentido. Mención aparte tienen las semillas de lino por sus propiedades antioxidantes y anticancerígenas.

E igualmente consumir alimentos ricos en otros minerales, especialmente en magnesio, fósforo, flúor, sílice y vitamina D.

La realidad es que actualmente y cada vez más surgen estudios y publicaciones que constatan los peligros de los lácteos y que nos alertan de su toxicidad.

Y sabiendo todo esto, cito textualmente las palabras de Adolfo Pérez Agustí, en su libro “Osteoporosis solucionada”

Merece la pena, por tanto, insistir en hablar mal de la leche de vaca, puesto que sobre ella pesa una fuerte publicidad -¿engañosa o deliberada?- de que es preventiva y curativa de la osteoporosis y que nos proporciona la cantidad necesaria del calcio. ¿Cómo es posible que siendo una sociedad bebedora habitual de leche y lácteos, estemos a la cabeza de las enfermedades descalcificantes? Todo el mundo, incluídos los médicos, están resignados a que la mayoría de las mujeres menopáusicas tengan osteoporosis, creyendo que es una consecuencia inevitable de la edad. Ese convencimiento les lleva a recetar comprimidos de calcio y calcitonina, en un intento por restaurar la calidad del hueso. La consecuencia es que los huesos siguen perdiendo densidad, mientras que cantidades ingentes de calcio circulan peligrosamente en sangre, aumentando el riesgo de trombosis, calcificaciones de la pared arterial y formando cálculos renales

Adolfo Pérez Agustí

 

MENOPAUSIA CONSCIENTE CON KUNDALINI YOGA